No, hoy no se celebra la independencia de México…

Mis seguidores saben que además de los viajes, lo que me apasiona es la historia de los lugares. Por eso hoy saco un momento para aclarar algo que no debería necesitar aclaración.

Hace unos cuantos años me econtraba con un amigo comiendo en un restaurante mexicano en el Viejo San Juan, justo para esta fecha. Cuando se acerca el mesero a tomarnos la orden, nos dice con gran entusiasmo “¡Feliz Día de la Independencia! Amablemente (juro que fue amablemente) le digo, “la independencia de México se celebra el 16 de septiembre; hoy se conmemora la Batalla de Puebla”. Me ha mirado con una cara de teléfono ocupado que más bien dejé mi misión educadora para alguien más receptivo.

Entonces, un 16 de septiembre de 1810 se dio lo que es conocido como El Grito de Dolores. Miguel Hidalgo y Costilla dio el pronunciamiento que llamó a la Guerra de Independencia de México. Esto pasó en el pequeño pueblo de Dolores (ahora Dolores Hidalgo) en el estado de Guanajuato. Hoy día, todos los años, el presidente mexicano recrea el grito de Dolores en el balcón del Palacio Nacional en el Zócalo en la Ciudad de México. El Potrillo, Alejandro Fernández, El Potrillo, hace un concierto todos los años en Las Vegas y de igual forma recrea el Grito de Dolores, sospecho que con mucho tequila envuelto.

¿En qué momento el 5 de mayo se convirtió en la celebración de la independencia? No lo se. ¿En qué momento los estadounidenses empezaron a llamarle “Cinco-de-Drinko” (cosa que me pone los pelitos de punta)? Tampoco lo se. Lo que sí se es que la Batalla de Puebla fue una de gran importancia, y, a mi humilde entender, se debería ‘conmemorar’. ¿Qué pasó un 5 de mayo? Les cuento:

En la Batalla de Puebla, el ejército mexicano venció al ejército francés.

En 1857, ocurrió la Guerra de Reforma: un conflicto armado donde liberales afrontaron  conservadores para impedir que la nueva constitución restituyera a los militares y a la Iglesia los privilegios que habían perdido con las Leyes de Reforma. Benito Juárez, gobernador de Oaxaca al momento del conflicto, representaba a los liberales y  el presidente de la república, Ignacio Comonfort, a los conservadores. Despues de 3 años, a principio del año 1861, los liberales ganaron la guerra y el nuevo Presidente Benito Juárez instauró su gobierno en la Ciudad de México. Pero después de 3 años de un conflicto costosísimo, México estaba  financieramente en ruinas y con deudas enormes que los conservadores adquirieron con banqueros europeos para  pagar la guerra (¿les uena familiar?). La deuda era de 80 millones de pesos; 69 millones para los ingleses, 9 millones para los españoles y 2 millones para Francia. En julio de 1861, el presidente declaró una moratoria de dos años en el pago de las deudas a prestamistas extranjeros. En octubre del mismo año, Francia, Inglaterra y España acordaron intervenir la República para exigir el pago de sus deudas. Francia, Inglaterra y España firmaron la Convención de Londres, en la cual se comprometieron a enviar contingentes militares a México. La Alianza Tripartita amenazó al presidente Benito Juárez con invadir el país si no se saldaba por completo las deudas con los tres países europeos. Juárez responde con un exhorto para  lograr un arreglo amistoso que en un principio la Alianza Tripartita aceptó. A pesar de ello, el 5 de marzo, cuando aún se realizaban las negociaciones, llegó a Veracruz un contingente militar francés bajo el mando de Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez. A finales de abril, Lorencez se puso en marcha, junto con sus efectivos, hacia Puebla, con el fin de avanzar para  conquistar la Ciudad de México. A finales del mismo año, una enorme flota francesa de soldados bien equipados, bajo el mando de Charles Ferdinand Latrille, irrumpió la ciudad de Veracruz para luego atacar la ciudad de Puebla de los Ángeles con 6,000 tropas francesas. Pero el presidente Juarez sabía que había una guerra inminente y se organizó para proteger la Ciudad de México, ordenando la fortificación de Puebla. Creó también al Ejército de Oriente y designó en el mando al general Ignacio Zaragoza. Sin embargo, el ejercito mexicano contaba apenas 2,000 hombres, entre los que había unos pocos soldados y una gran cantidad de indígenas y guerreros de ascendencia mixta dispuestos a dar todo por su tierra. Ampliamente superados, sin preparación alguna y con una escasa administración, los combatientes mexicanos se dirigieron al frente de batalla.

Entonces, el día 5 de mayo de 1862, tras una de las más duras batallas de la historia, la cual duró desde el amanecer hasta la tarde, los franceses terminaron por retirarse. El saldo fue de más de 500 bajas en las líneas francesas contra apenas unas 100 en las mexicanas.

Éste hecho se convirtió en un fuerte símbolo de la resistencia y del poder mexicano, representando justamente una victoria simbólica contra los grandes imperios. Esa, mis queridos lectores, es la historia de la famosa Batalla de Puebla.

Me acuerda a una frase de una canción escrita por compatriota mío… “Soy lo que sostiene mi bandera, la espina dorsal del planeta es mi cordillera. Soy lo que me enseñó mi padre, el que no quiere a su patria, no quiere a su madre.
Soy América Latina, un pueblo sin piernas pero que camina…”

¡Viva México!

Detalle de los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México en la CDMX.

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