Los Viajes de Ginés fue a Puerto Plata un día

Cuando empecé esta aventura de escribir “Los Viajes de Ginés”, jamás imaginé los caminos por los cuales me llevarían mis viajes… Cuando mi adorada Rosángela me envió un logo con el nombre y quedó ya la suerte echada -en las redes sociales, no me imaginaba los nuevos amigos que iba a hacer en el camino. Siempre tenía alguna historia de los lugares de visitaba, que si la casa con más fantasmas de Miami, la plaza donde filmaron Forrest Gump en Savannah o hasta donde subió el nivel del mar en Charleston con el paso del Huracán Hugo. A algunos de mis amigos les gustaban mis historias, que muchas veces venían en forma de un status de Facebook extendido (¿se acuerdan cuando todavía escribíamos Notes en Facebook?), o en alguna descripción larga en Instagram. Y así pues, empezamos a escribir, como un pasatiempo, claro está.

Obviamente, yo seguía trabajando en mis proyectos de Relaciones Públicas y gracias a unos amigos en común, Laura y Juan, a quienes quiero mucho y conocí precisamente en un viaje a San Agustín (la ciudad más antigua de Estados Unidos), conocí a la creadora y fundadora de la revista La Nota Latina, la margariteña Marybel Torres. Mary siempre me apoyaba cuando les enviaba algún comunicado de prensa de algún cliente, siempre me publicaban (y mis clientes, ¡contentos!). Fue su editora quien un día se percató de que yo a ratos balbuceaba algunas palabras sobre mis viajes, sobre mi, sobre mi familia, mis raíces y hasta mis gatos (¿han leído “La Historia de Emma”?). Y entonces fue ella, Anna Muller, venezolana residente en Lima, quien un día me escribió de parte de La Nota Latina, a preguntarme si podían publicar una de mis notas en su sección de Destinos. No recuerdo cuál fue la primera (creo que algo sobre Key West), pero ¡Wow! Yo no me la creía, y fue así como Los Viajes de Ginés se transformó de un simple blog de una aficionada, a una columna de Destinos de verdad-verdad para una publicación. Justo 2 meses antes del paso del innombrable huracán por mi natal Puerto Rico, escribí un post que se tituló “¡Esta NO es la guía definitiva de Puerto Rico!”. Era muy largo, así que la revista lo convirtió en una serie de dos artículos (Parte 1 y Parte 2). Hasta hoy, ha sido mi post más exitoso. Juan y Laura lo publicaron en su revista digital. Mi querida compañera de aventuras universitarias, Mei-Ling Villafañe, que trabaja para un periódico en Puerto Rico,  lo publicó también allá. ¡Ahí sí que sentí que había tocado el cielo! Tampoco imaginé que uno de mis grandes aliados en esta aventura de Los Viajes vendría en la forma de una bella persona de la oficina de mercadeo del Ministerio de Turismo de la República Dominicana, Yaniris Felipe, a quien, con solo conocerla, le reconoces el bondadoso corazón que tiene. Yaniris reconoció en mi eso que tanto se busca ahora, ese término tan usado y poco entendido que se asocia mayormente con millennials… una influencer (¡!). Eso me alagó, pero también me sorprendió, porque pienso que escribo cosas muy personales -como esta. Claro, gracias a la magia editorial de Anna, la historia de cómo recogí a mi gata más pequeña, se convirtió en la historia del barrio más antiguo de Miami. Por eso siempre pensé que mis escritos serían muy “nicho”, porque a mi lo que me llama la atención es la historia de los lugares, no tanto hacer la lista de “los 10 mejores restaurantes de [inserte ciudad aquí]”. Pero como bien ha cantado el maestro Rubén Blades, ‘la vida te da sorpresas’, y mi nicho también tenía su nicho. Y hay más nerds por la vida que también se interesan por saber donde está enterrado Oscar Wilde, o cuantas estatuas hay en el Parliment Square de Londres.

Hoy me doy el lujo de extenderme de esta forma, más personal, para contarles como ha ido creciendo Los Viajes de Ginés, porque en realidad mi más reciente y maravillosa tarea de escribir sobre Puerto Plata, República Dominicana, ya fue publicada en un segmento de dos artículos en La Nota Latina, y además como un “guest feature” en Espíritu Viajero Life. Mi primer viaje a República Dominicana, como escritora de viajes, fue a Punta Cana. Muchos lo deben recordar porque muchos me comentaron que les encantaría ir. Punta Cana es un destino de vacaciones perfecto para descansar. Tienes todo en un mismo lugar: restaurantes de primera, playas hermosas de arenas blancas, piscinas, vida nocturna, spa, en fin… ¡hasta un amigo mío de infancia que te puede alquilar Four tracks en la playa! A Santo Domingo fui hace años y es exactamente el tipo de lugar que me gusta visitar: ¡lleno de historia y de historias! El Alcázar de Colón, La Catedral Primada -la más antigua de América (no amigos, no es San José en Viejo San Juan ni Porta Coeli en San Germán); el Monumento a los Héroes del 30 de mayo. En esta ocasión me tocó visitar lo que es considerado como el primer destino turístico del hermano país: Puerto Plata.

La gente a veces cree que los viajes de prensa son solo comer y beber y divertirse. ¡Y no se equivocan, jaja! Pero son también de mucho trabajo y agendas cargadas. Este viaje específicamente era para participar de la Feria de Turismo de la ciudad, Discover MarketPlace (POP), o sea, que además de conocer el destino como tal, para poder escribir y contarles todas sus virtudes, había una agenda de ruedas de prensa, networking, cocteles de apertura y clausura, entrevistas con hoteleros y expertos en la industria del hospitality. Pero no, no me vayan a tener penita, mi cuarto en el hotel tenía un jacuzzi que cabían cuatro (pero tranquilos, que yo no estaba como Maluma), en todos los cocteles la comida era espectacular y el ambiente fabuloso.Lifestyle Holiday Resort Lo mejor, el grupo de viajeros “influyentes” que me acompañaban. Peruanos, argentinos, dominicanos, colombianos, chilenos, casi todos basados aquí en el sur de la Florida, algunos en Georgia y hasta tan lejos como Arkansas, todos con algo en común: ¡excelentes personas! Todos aportando a nuestra sociedad de una manera positiva, poniendo en alto a los latinos cada uno con su proyecto individual. Entre tantos, pues siempre hay algunos con quien uno hace más “click”, y estoy segura de que de este viaje nacieron grandes amistades que irán mucho más allá de la despedida en el aeropuerto.

Teleférico
Compañeros de viaje: Teleférico de Puerto Plata

Al igual que el grupo que viajó fue uno maravilloso, algunas de las personas que conocí allá también son personas muy especiales. En la segunda parte que publicó la semana pasada en la revista, menciono a unos dueños de una hospedería, Gallo Eco-lodge, localizada en un sector llamado El Cupey, a unos 20 minutos de Puerto Plata. Lo que me llamó mucho la atención de ellos es que corren su hotel completamente off the grid, entiéndase: energía solar, huerto casero, su especialidad es la cocina vegetariana (cosa que me cuentan, no es muy común en el país), tratan su propia agua, eso sí, ¡tienen Wifi! Hacen un chocolate caliente que es de morir y entre chocolate y chocolate, me contaron su historia, intercambiamos tarjetas y quedamos de hablar de nuevo. Les compartí el artículo, donde salen fotos del hotel y los menciono por nombre. Me contestaron con tan genuina emoción y gratitud, que me llegó profundo al corazón (que no es tan de piedra como algunos piensan). Me invitaron a visitarlos y espero poder hacerlo muy pronto. De eso se trata el camino.

Pero bueno, he hablado mucho y de Puerto Plata ¡no les he dicho nada! Como les decía al principio, Puerto Plata fue el primer destino turístico de la República Dominicana. Está siendo renovado a nivel de oferta hotelera, con un nuevo puerto de cruceros y su oferta turística en general. El destino norte del país ha recibido en últimos 3 años a unos 3,251,248 visitantes por aire y mar, y proyecta cerrar con 1,200,000 -sin contar los 500 mil turistas nacionales. Hasta la fecha han llegado sobre los cinco mil vuelos, 99 cruceros con 468,923 visitantes, que han generado un consumo de aproximadamente US$12 millones. Aunque Punta Cana sigue siendo líder, esto no está nada mal.

Existen dos teorías sobre el origen del nombre de la ciudad: se dice que Cristóbal Colón llamó a la montaña, actualmente la Loma Isabel de Torres (en honor a la reina de Castilla que patrocinó los viajes de Colón), “Monte de Plata”, ya que las nubes en su cima la hacían parecer como de plata. La otra, dice que cuando Colón llegó a República Dominicana, bordeó su costa, hasta llegar a la actual bahía de Puerto Plata. El sol se reflejaba en el mar, dando la impresión de que era una mar de monedas de plata. Cualquiera de las dos teorías solo sirve para resaltar la belleza de esta región del país.

Vista de la Bahía de la Puerto Plata, desde la Loma Isabel de Torres

Se fundó formalmente en 1502. Los indios del país -que eran Taínos igual que los de Puerto Rico, la llamaban ‘Quisqueya’ (de ahí el sonado apodo de ‘Quisqueya la bella’). Ya para la década de los setentas, fue escogida por sus características costeras como un destino turístico, a través de un decreto presidencial. Gracias a ello, se mejoró la infraestructura del centro histórico, el acueducto, se construyó el malecón, se arreglaron calles, se restauró el Fuerte de San Felipe, y se construyó el funicular para subir a la loma Isabel de Torres. La glorieta victoriana que adorna la Plaza de la Independencia se reconstruyó. Y uno pensará “Puerto Plata = playa”. Pues sí, hay playas y muy lindas, pero en “La Novia del Atlántico” es obligado salir a recorrer la ciudad. Para una “nerd” amante de la historia y la arquitectura, el centro histórico, con sus casas victorianas, es un deleite. Imperdible subir al teleférico. Único en el Caribe (como atracción turística; Santo Domingo cuenta con un teleférico para transporte público), en el se sube a unos 800 metros de altura a la Loma Isabel de Torres. Allí encontrarás una gigantesca estatua de Cristo Redentor, muy similar a la del famoso Cristo Corcovado de Río de Janeiro, apreciarás una vista panorámica de la ciudad, sus alrededores y la bahía. Toda el área es una reserva natural con un clima ligeramente más fresco, donde podrás visitar también una típica casita campestre, ver cómo era la vida en otros tiempos y apreciar la fauna y bella flora del lugar.

El tramo en el teleférico se realiza en 10 minutos y opera diariamente de 8:30 de la mañana a 5 de la tarde. Si estás de suerte -como yo, te recibirán músicos tocando música típica dominicana, igual que nos recibieron en el aeropuerto. Y es que lo mejor de República Dominicana es que el anfitrión no pierde oportunidad de hacerte sentir como en casa. Por eso es un destino que los turistas repiten.

En el Centro Histórico de la ciudad verás la influencia del estilo victoriano en la arquitectura y el diseño. Casitas en el llamado estilo “gingerbread” adornadas con buganvillas de distintos colores y el gazebo restaurado en el Parque Independencia evocan épocas pasadas que uno no puede evitar imaginar como más lindas. La iglesia de San Felipe es la catedral de la ciudad y a pesar de ser una construcción sencilla, tiene ese encanto provinciano típico de esta región.

Cerca del parque está el Museo del Ámbar. Por su gran producción, también se conoce la región como La Costa del Ámbar. El ámbar es la única piedra semi-preciosa de origen vegetal, (sin contar el diamante). Dato curioso: ¿Recuerdan la escena en el clásico de Steven Spielberg, Jurassic Park, con un mosquito congelado? Esa escena fue filmada en el Museo del Ámbar de la ciudad.

En el centro histórico también verás vibrante arte urbano (allí me encontré a mi amiga, Doña Patria, del artista gráfico Evaristo Angurria; Angurria nos dejó una Doña Patria también en Puerto Rico, en Puerta de Tierra, pero se afectó mucho tras el paso del huracán -de hecho, creo que esa pared se derrumbó), restaurantes, tiendas de artesanías, joyería, almacenes de tabaco y artistas pintando en sus calles. El malecón tiene restaurantes y una vista impresionante, y una estatua de Neptuno literalmente en el medio del mar, que nadie me supo decir de donde salió, pero capturó mi imaginación desde que llegué.

Neptuno
El Neptuno del Malecón

Puerto Plata tiene algo para todos los gustos, fuertes españoles para los amantes de la historia (Fortaleza San Felipe), los 27 Charcos de Damajagua para los aventureros, Ocean World para los amantes de los animales, y para los amantes de un buen ron, puedes hacer el recorrido del Macorix Rum House o la Fábrica de Ron Brugal. Eso sí, no te vayas sin probar su tradicional Mamá Juana, una bebida realizada con miel, vino dulce, eucalipto, clavo, canela y por supuesto, un buen ron dominicano.

En la feria también conocí a la actual reina del Carnaval de Puerto Plata, y a sus organizadores. Porque como buen destino caribeño, Puerto Plata tiene su carnaval durante todo el mes de febrero, con un gran cierre a principios de marzo.

Cerquita de Puerto Plata también hay dos localidades costeras, Sosúa y Cabarete, cada una muy encantadora y con una oferta distinta, dependiendo lo que el viajero vaya buscando. Pero creo que ya me he extendido demasiado, así que les cuento luego de esos maravillosos lugares. O vayan a La Nota Latina, que ya el artículo salió e incluyo muchos detalles sobre el Turismo Comunitario Sostenible. La costa norte tiene hermosas playas, porque ¿qué sería de unas vacaciones caribeñas sin playas lindas? Las de Puerto Plata son de arena blanca y dorada, con un relajado ambiente que disfrutan tanto turistas como locales. Algunas de las playas más conocidas de la ciudad son Playa Dorada, Playa Cofresí y Playa Maimón entre otras. Por su parte, Sosúa es un paraíso del buceo, y Cabarete es conocida como meca del surfing y el kiteboarding.

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Cabarete
Playa Alicia, Sosúa
Playa Alicia

Puerto Plata cuenta con una extensa y variada oferta de hoteles, desde los all-inclusive que República Dominicana hizo famosos, hasta hoteles “boutique” más pequeños y acogedores.

Discover MarketPlace #discoverpop
Yaniris Felipe y el equipo de #GoDomRep

Gracias a Discover MarketPlace, siento que tuve la experiencia de un “crash course” en la cultura del lugar; conocí artesanos, degusté su ron, su comida (¡que no es solo mangú, señores!) y aprovecho de nuevo esta oportunidad para agradecer al Ministerio de Turismo por invitarnos a tan lucido evento, disfrutar de su hospitalidad y de su gente, sus colores y sabores.  Hay un proverbio moro que dice que “Aquel que no viaja no conoce el valor de los hombres”.

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