Danke schoen, Berlin

Hace justo un año me preparaba para un viaje a Berlín, con una de esas hermanas que he sido afortunada en tener desde los 15 años. Como por aquí siempre estoy para contarles mis historias (a ustedes que tan amablemente las leen), les confieso que amo perdidamente a Europa. Es el absoluto destino ideal para mi. Pero por alguna extraña razón, a Alemania la había dejado un poquito fuera de mis listas de lugares soñados por visitar. ¡Y qué equivocada estaba! De Alemania solo conocía Trier, una ciudad pequeñita cerca de la frontera con Luxemburgo, conocida por sus ruinas romanas y su Puerta Negra (las ruinas de unos baños romanos) y por ser el lugar de nacimiento de Karl Marx, y que visité hace 20 años.

Así que, aunque ya había comprado mi consabido librito guía de Lonely Planet, realmente no sabía que esperar de Berlín. Suele tener uno esa noción de que los alemanes son fríos. Creo que el idioma tiene un poco la culpa de eso, porque suena muy fuerte. Pero lo que yo encontré fue una ciudad que me dio la bienvenida, que a pesar de ser inmensa y de no dominar el idioma, pude transitar con relativa facilidad (más me perdí en el subway de Nueva York en mis primeras visitas), con comida más rica de lo que esperaba (sausage y sauerkraut no es exactamente mi comida favorita), por supuesto buena cerveza y, sobre todo, muchas ganas de volver.

Siempre que hablo de Europa, hago el mismo cuento. El papá de una de mis mejores amigas, ávido viajero y maravilloso caballero me dijo sobre mi primer viaje a Europa “a Europa siempre se va pensando que uno va a regresar”. Sabio consejo que significa que no te vuelvas loco por querer ver todo, porque acabas viendo mucho rápido y mal. Así que esa es mi mentalidad siempre que me he dispuesto a cruzar al Atlántico. Ya en mi librito había visto que la ciudad era enorme, así que, como siempre, me dispuse a elegir lo que más quería ver y lo que fuera conveniente en esta visita.

Llegué un domingo, cuando precisamente se corría el Maratón de Berlín. Había una buena participación boricua e incluso una amiga lo corrió (aunque no logré verla). Nos quedamos en un aparta-hotel en el Centro Histórico (mi estación del metro era Stadmitte), así que desde allí muchos puntos importantes e icónicos de la ciudad quedaban a una distancia cómoda caminando. Aunque lloviznaba un poco, salimos a caminar, para ver el maratón y lo que se pudiera de la ciudad ese día. Plácidamente, lo primero que vi fue el ícono absoluto por el que se conoce Berlín, la Puerta de Brandemburgo, y el imponente edificio del Parlamento Alemán (Bundestag), el Reichstag. Bueno, ya con ese primer saborcito de la ciudad, me entusiasmé mucho por todo lo que vendría en los próximos días.

El oso de Berlín

De ninguna manera pretendo decirles que esta será su guía definitiva de Berlín porque realmente, es el recorrido que hice a mi gusto muy personal. Berlín tiene una vida nocturna digna de explorar, con algo para todos los gustos, desde flamenco, beer gardens y discotecas dedicadas solo a los más atreviditos (hello, KitKat Club!). Museos de los más impresionantes que he visitado hasta ahora, desde clásicos hasta de arte urbano; toda la historia que tu cerebro pueda procesar. La combinación de glamour y valentía de Berlín cautivará a los que deseen explorar su cultura vibrante, arquitectura de vanguardia, comida fabulosa, fiestas intensas e historia muy tangible. Marx, Einstein, Hitler, JFK y Bowie, todos fueron de alguna manera, moldeados – y ellos a su vez moldearon Berlín, cuya vastísima historia te encuentra en todo momento. Esta es una ciudad que protagonizó una revolución, se convirtió en cuartel general de los nazis, fue bombardeada hasta los pedazos, dividida en dos y finalmente reunificada. ¡Y eso fue solo en el siglo XX! Berlín hoy día es una de las capitales europeas más importantes para los start-ups. Allá me hice un amigo, español, músico de flamenco y guía turístico, quien me contaba que, para vivir, Berlín no es tan cara (eso me sorprendió), por lo que entonces esa mezcla y experimentación cultural es tan rica. Aquí me parece que la gente vive bajo el lema de “vive y deja vivir” y se ocupan más de la libertad personal y la creatividad que de los bienes materiales. Dato curioso: en nuestro hotel no había una biblia como en tantos hoteles del mundo; estaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Puerta de Brandemburgo (Brandenburger Tor)

Pariser Platz

Entonces, ¿por donde empezar? Siempre que es posible, me gusta recorrer una ciudad caminando. Me gusta ver más detalles, tal vez detenerme un poco en lo que más me interesa y anotar en mi cabeza los lugares a los que quiero regresar con más calma. Mi punto de partida fue la Puerta de Brandemburgo, en el distrito de Mitte. Brandenburger Tor es indiscutiblemente el ícono de Alemania. Este monumento neoclásico del siglo XVIII, mandado a construir por el rey prusiano Federico II está al oeste del centro de la ciudad en la Pariser Platz (Plaza de París) y durante toda su existencia ha sido sede de importantes eventos históricos y es considerada no solo un símbolo de la tumultuosa historia alemana y europea, sino también símbolo de la paz y la unidad europea. A un lado de la plaza está el fortín que es la embajada americana y al otro, la embajada francesa. La plaza lleva su nombre en honor a los aliados anti-napoleónicos de la ocupación de París de 1814. Allí cerca está el edificio del Parlamento, establecido en 1894 y restaurado en 1990, separado de la Puerta de Brandenburgo por el Muro de Berlín durante 29 años. Lo puedes visitar (pero reserva tu turno con tiempo… no vas a conseguir espacio para el mismo día) y presta particular atención su cúpula de cristal, que está justo encima del Salón de la Plenaria del Parlamento y es un símbolo de la democracia parlamentaria. Pero lo que más me impresionó en este recorrido sin duda fue el Monumento a los Judíos Asesinados en Europa (Holocaust-Mahnmal).

Monumento a los Judíos Asesinados en Europa (Holocaust-Mahnmal)

El monumento está compuesto por 2,711 bloques de hormigón, en desnivel, creado así para causar una sensación de desasosiego y agobio y que representan cada comunidad judía que fue exterminada durante el Holocausto. Fue diseñado por el arquitecto estadounidense Peter Eisenman y fue develado en mayo de 2005. Dato curioso: hay unas formas de bloques en la acera, fuera del encuadre del monumento que representan los judíos que trataron de escapar.

Ese bloque fuera del monumento representa a alguien escapando

Muro de Berlín (Berliner Mauer)

El Beso, East Side Gallery

La caída del Muro de Berlín es uno de esos eventos históricos que todos recordamos. Bueno, por lo menos nosotros los Generación X y los más viejos. Recuerdo haber escrito un ensayo para una clase de redacción en la universidad (con una profesora que me detestaba y nunca me dio una A) sobre el tema, y es que las imágenes de ese 9 de noviembre de 1989 quedaron grabadas en nuestro subconsciente colectivo. La primera vez que vi un pedazo del muro fue en un museo en Washington DC, no en Alemania. El Muro de Berlín lo ves por todas partes en la ciudad, aunque lo que se ha convertido en una postal es el East Side Gallery, en los distritos de Friedrichstain y Kreuzberg, un monumento a la caída del muro y la negociación pacífica de fronteras y convenciones entre sociedades y personas y que cuenta con más de tres millones de visitantes al año. La galería al aire libre, posiblemente la más larga del mundo, consiste en una serie de murales que ahora hacen parte del patrimonio de la humanidad. Aquí es donde se encuentra el mural más famoso de la galería, El Beso, basado en una foto entre el líder soviético Leonid Brezhnev y el presidente de la Alemania Oriental, Erich Honecker.

El muro original, construido con alambre de púas y bloques de cemento y protagonista importante de la Guerra Fría, fue reemplazado posteriormente por una serie de muros de concreto (de hasta 15 pies de alto) que fueron coronados con alambre de púas y custodiados con torres de vigilancia, emplazamientos de armas y minas; dividió a Berlín desde 1961 hasta el 1989, separó no solo la ciudad física e ideológicamente, sino familias, negocios, parejas, amigos. En la zona de Bernauer Streße es donde mejor puedes conocer historias desgarradoras sobre esa separación, cómo comenzó todo, cómo si el día que decidieron cerrar las fronteras de la ciudad, si te cogió del otro lado, allí quedaste por los próximos casi 30 años. Allí también se encuentra la Capilla de la Reconciliación, una capilla sin denominación religiosa que implica la superación del traumático episodio histórico, rememorando el patrimonio perdido.

Bernauer Streße
Bernauer Streße
Capilla de la Reconciliación

Dato interesante: el barrio de Kreuzberg donde se encuentra parte del East Side Gallery, es hogar de estudiantes, artistas y una gran población turca, con muchos restaurantes alrededor de Kottbusser Tor. La zona de Bergmannkiez es conocida por tiendas de segunda mano, cafeterías relajadas y el parque Viktoriapark. En la zona cerca al parque Görlitzer oferece arte callejero (que a mi me encanta), bares y puestos de comida. En este pintoresco barrio estuve en una típica barra berlinesa, sin un solo turista. Siempre traten de ver las ciudades como si fueran un local.

El bohemio barrio de Kreuzberg
Kreuzberg
La típica barra berlinesa parece la sala de una abuelita (barrio de Kreuzberg)

Museumsinsel

Berliner Dom, catedral protestante de Berlín

Como saben, me encantan los museos. Perderse un día entero en un buen museo, a mi propio paso, es una de mis cosas favoritas en el mundo. Por eso reservé un día entero para visitar la Isla de los Museos. En este complejo se encuentran algunos de los museos más impresionantes del mundo: Altes Museum, Neuss Museum, Alte Nationalgalerie, Bode Museum, Pergamon Museum, Humboldt Forum; y también se encuentra aquí la imponente Catedral de Berlín.

Podría estar días contando todo lo que hay en este lugar, que también es patrimonio de la humanidad, pero por propósitos de tiempo, espacio y no aburrirlos, les daré mis dos highlights. En el Neuss Museum la colección de arte egipcio es realmente excepcional (les he contado que de niña quería ser arqueóloga, ¿verdad?); pues aquí se encuentra el busto original de Nefertiti, una de las obras más copiadas del antiguo Egipto. Hecho en piedra caliza con estuco y pintado, representa a la gran esposa real del faraón Akhenaton. Se cree que es una obra de 1345 a.C., del escultor Thutmose, porque fue encontrada en su taller en Amarna, Egipto. Confieso que, hasta mi visita, no sabía que su hogar era Berlín.

Nefertiti, Neuss Museum (foto de archivo; no es permitida la fotografía en esta sala)

En el Pergamon Museum hay templos griegos casi enteros, pero si tuvieras que ver una sola obra, sería indudablemente la Puerta de Ishatar de la antigua Babilonia. La octava puerta hacia la antigua ciudad data del año 575 a.C. No recuerdo en mi vida haber visto algo que me impresionara tanto como esto.

Puerta de Ishtar, año 575 a.C.

Sin duda recomiendo hacer un tour guiado o un audio tour la Catedral (Berliner Dom) y subir a la azotea para unas vistas preciosas de la ciudad. Además de servicios religiosos, la Catedral ha servido de escenario para importantes eventos políticos y culturales.

Arte urbano / Urban Nation

Arte urbano
Arte urbano

Fue precisamente para ver un museo que me aventuré más lejos en tren y estuve muy orgullosa de no perderme. Urban Nation Museum for Urban Contemporary Art es justo eso, una colección ecléctica y colorida de arte urbano. Imaginen un Wynwood o una Calle Cerra bajo techo en un edificio. La entrada es libre de costo y las colecciones van cambiando a través del año. Y no es solo el museo. Son los murales que ves en las calles aledañas al museo, en la parte exterior del mismo museo. En septiembre de 2017, se inauguró, en Bülowstrasse 7, en el centro de Berlín, entre el distrito de Nollendorfplatz y el nuevo distrito de arte alrededor de Potsdamer Strasse; es la primera institución no comercial del mundo con calidad de museo que se centra en arte urbano. Grata sorpresa me llevé cuando vi a uno de los nuestros representando, un mural del boricua Alexis Díaz.

Alexis Díaz, artista puertorriqueño

Me quedaron muchas cosas que ver en Berlín, porque es una ciudad enorme. Estuvimos en un beer garden en una azotea donde casualmente había una escultura de Koons; comimos comida vietnamita (¡entre otras!), recorrimos edificios históricos, caminaba todas las mañanas muy cerca del famoso Checkpoint Charlie, que no era el nombre de un ‘Charlie’, sino “checkpoint C”, el nombre dado por los aliados occidentales al cruce más conocido del Muro de Berlín entre Berlín Oriental y Berlín Occidental durante la Guerra Fría. La conocida Topografía del Terror te eriza la piel, precisamente por el terror de la II Guerra Mundial. También aprovechamos un día para un “day trip” a Potsdam y el Palacio de Sanssouci, el Versalles alemán (de eso les puedo contar otro día).

Checkpoint Charlie
Topographie des Terrors, la cruda historia de la II Guerra Mundial
Mi último día en Berlín, frente a Checkpoint Charlie

Berlín te hará maravillarte con el esplendor de un palacio prusiano, con historias de la Guerra Fría o impresionarte hasta los huesos cuando te digan que estás parado sobre lo que supone fue el búnker de Hitler. Esta ciudad es como un libro de texto en 3D infinitamente fascinante donde el pasado está muy presente donde quiera que vayas.

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